sábado, 11 de enero de 2014

INCREÍBLE






 Al día siguiente nos levantamos algo tarde, nos duchamos, nos reímos, pasamos el día paseando, rajando, J. me llevó a comer a Portugalete a un sitio con un ventanal desde donde se puede ver el Puente de Vizcaya, después visitamos San Juan de Gaztelugatxe (un lugar bellísimo) pero lo vimos desde la costa. Por la noche me invitó a cenar, J. ya me había comentado que en mi visita iríamos a un local liberal.

A pesar de que sentía hacía mucho tiempo bastante curiosidad por el ambiente liberal y de las muchas ofertas que me habían surgido para acompañarme, soy demasiado tiquismiquis y, aún no había ido nunca. Pero con J. era distinto, confiaba en él, me sentía bien, sentía la suficiente confianza, y las suficientes ganas.

Mientras relamía una pata de centollo J. me miraba el escote y me sonreía, me hacía también sonreír a mí, me hablaba de esto y de lo otro y yo no dejaba de sentir esa excitación de lo novedoso, y como no, la humedad de mi propio sexo.  

Llegamos a Géminis, un local agradable y muy majo. J. ya me había hablado del sitio y de sus amigos allí. Como J. hacía tiempo que no iba me había advertido que no sabía bien qué nos encontraríamos.

Al entrar me presentó a la dueña y a unos amigos, ella se ofreció amablemente a mostrarme el local. Después de una copita y algo de charla nos adentramos en la zona nudista. Había muy poca gente pero la mayoría bastante jovencitos. Nos desnudamos y nos sentamos en un sofá, comenzamos a calentarnos con besos y caricias. Fue llegando más gente aunque no mucha, una pareja salvaguardados por una escueta toalla se situó frente a nosotros en un colchón, se deshicieron de la toalla y también comenzaron su ritual.

J. me susurró – Mira, mira como ella le come la polla – Ella le lamía la polla dulcemente mientras él apenas se movía, le acariciaba el pelo o le agarraba la mano. Sentí un chasquido en mi cabeza, o mejor dicho “el chasquido” en mi cabeza, ese crack que lo desencadena todo, el meollo de la cuestión, la madre del cordero. Besé a J. y le susurré: – Ufff que ganas de follar me están entrando. Él me sonrió y me dijo: – ¿Sí? ¿Tienes ganas? Pues lo siento mucho pero hoy no vas a follar. Aquí no.

En ese  momento pensé que era coña y sonriendo bajé con mi boca como una babosa obscena hasta su ombligo y, después, hasta sus huevos. Lamí el tronco de su polla arriba y abajo, varias veces. Jugué con mi lengua en su capullo, dando lamiditas cortas e intensas en su frenillo para luego mamar profundamente todo su rabo. Le oía gemir y sus jadeos me parecían mariposas que vinieran a susurrarme procacidades y maravillosas cosas sucias. J. me levantó y me dio la vuelta, me soltó un azote y me hizo levantar el culo, enseguida note el tacto viscoso de su lengua en mi culo para luego adentrarse jugosamente en mi coño, follándolo con la lengua, ayudándose de los dedos. Notaba sus manazas abriéndome las nalgas y el frescor de su lengua adentrándose en la profundidad de mi abismo. Al volverme me di cuenta de que había otra pareja en un cubículo protegido con exiguas cortinas a través de las cuales se les podía ver. Él estaba reclinado sobre ella comiéndole el coño, ella tenía apoyados los pies sobre sus hombros, destacaba el negro de sus uñas sobre unos pies blanquísimos, y las piernas abiertas desmayadas a ambos lados, él asestaba lametazos en sus labios mientras ella gemía blandamente. Yo estaba como loca. No era lo que hicieran, ni ellos ni yo, era la sensación de estar expuesto, era destrabar tus ardores, era esa carnalidad definitiva y manifiestamente hermosa . La lógica abrumadora del deseo.



J. volvió a darme la vuelta, me recostó en el sofá y me abrió las piernas. Pensé que iba a follarme, su polla brillaba como la jodida Excalibur, se reclinó y metió su cabeza entre mis piernas. Mi pecho se inflaba de aire mientras un placer dulzón y abrasador atenazaba los pliegues de mi carne, mi culo se elevaba hacia su boca arqueando la espalda en una contorsión adorable y extraña.

Mientras, la parejita se levantó y se sentó en otro sillón muy cerca de nosotros, yo los observaba con el rabillo del ojo.

Me corrí a ráfagas, como si el oxígeno me faltara cada cuatro segundos, chorreando sudor y ganas. La pareja de enfrente se acariciaba con dulzura. J. volvió a besarme: – Es un espectáculo ver cómo te corres, el tío nos está mirando ¿ves? Le has puesto cachondo…ven, cómeme la polla como tú sabes.

Me incliné hacia la verga de J. y comencé a mamar. Chupaba su polla con fruición, en mamadas profundas, ruidosas, absolutamente salivadas. La chica comenzó a hacer lo mismo que yo, le comía la puntita de la polla a su chico como si temiera hacerle daño pero luego más profundamente. El chico disfrutaba la mamada mientras me miraba atentamente. Los jadeos de J se confundían con mis sonidos guturales. Escupía sobre la polla de J., me la metía entre las tetas, se la pajeaba, se la volvía a comer. Cada vez que levantaba la cabeza miraba como me observaba el chico. Y cuando volvía a la polla de J. seguía sintiendo sus ojos clavados en mí como alfileres por toda mi piel. Me gustaba esa reciprocidad, me tenía guarrísima. Era mi primera mamada de exhibición.

Mientras le comía la polla a J. no podía evitar de vez en cuando tocarme el chochito. Lo notaba hinchado y muy mojado. Nos estaba gustando el juego. J. tenía la polla a punto de reventar. La metí de nuevo en la boca pero fui yo quien estalló. Sentía mi cuerpo temblar en sacudidas de placer. No recuerdo si J. llego a correrse o no, estaba totalmente absorta en mi gozo. Como parte de un todo o como una nada absoluta, como el ser más egoísta y al tiempo más generoso del mundo, como la más brava o la más dulce.

J. tenía razón, no follé aquella noche en aquel club, pero fue una experiencia muy morbosa y excitante. Me corrí varias veces. Me llevo escenas junto a otras parejas, los gemidos que se escuchaban, espejos por todas partes, el modo en que le narraba a J. como follaba la pareja del cubículo y que él desde donde estaba no podía ver…

Al llegar a casa de J. desatamos todo ese morbo de nuevo y sí, nos follamos y nos quisimos mucho, yo al menos sí le quise a él mientras me lamía, me besaba, me follaba o mientras yo le lamía, le besaba o le follaba a él.

Quedamos en que volveríamos a vernos pero aún no ha podido ser. De vez en cuando nos enviamos algún mensaje o algún correo. Yo he vuelto a mi rutina, esa que a veces creo que solo consiste en soportarlo todo. Otras no. La vida  tiene una condición extraña y contradictoria, quizá por eso trato de alcanzar cuanto de bueno o bello me llega de ella y trato de sentirlo en su esencia, quizá porque una parte de mí se muere mientras la otra resucita.

Fue un fin de semana increíble.


5 comentarios:

  1. Cuanto placer en tus palabras, palabras que se tornan piel tibia y fluidos corporales, olor, deseo, y respiraciones próximas...
    Besos

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  2. Siempre despiertas la curiosidad en mi. Ver y ser visto era algo que nunca se me había pasado por la cabeza, sin embargo me esta resulta do una idea excitante.
    Besos.

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  3. Me ha gustado muchísimo la continuación de la historia con J. y después de leerla creo al 100% que es una historia real.
    La forma de describir el morbo y la excitación en Geminis solo es capaz de describirla alguien que ha estado en un local liberal... Y como liberal debo decir que has transmitido mucho a través de tus letras... Enhorabuena!!

    Besinos!! :))

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  4. Ufff un gran relato...
    un saludo.
    Te invito por mi blog

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  5. Sí, sí, sí, nos gusta que nos vean follar y nos gusta ver follar, porque animales promiscuos somos, encantados al ducharnos en feromonas, alegres sumergidos en el duro olor de muchos sexos, felices de catar cuerpos nuevos y felices al copular esquiando sobre pieles desconocidas.

    Es el morbo que tienen estos locales y prácticas. Y eso que, según relatas, el Géminis de marras no parecía estar muy lleno cuando fuistes, si vamos al Encuentros de Madrid, ya verás... En fin, Mala, buen relato, como siempre. Saludos y reverencias.

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