lunes, 22 de septiembre de 2014

AÚN


Aún es de día pero las sombras enturbian nuestro cuarto. El calor se reconstruye a medida que llega la noche para, quizá, sobrevivirse a sí mismo. Como tú. Como yo. Ambos somos supervivientes de un sinsentido. Es extraño que pueda dolernos la normalidad más que nada.
Sentimos un sofoco denso y estático presionando nuestros cuerpos desde una boca negra, extraña, patente, insondable; parece que algún ser invisible nos esté respirando lentamente, un organismo cuya antropofagia consista en engullir nuestro deseo, metabolizarlo y expelerlo en forma de un calor desmesurado.

Tu beso se acerca a mi boca, como siempre desde que te conozco, con el mismo asombro, con la misma perplejidad y el mismo énfasis con que me besaste la primera vez en aquel cuartito en el que nos cobijamos huyendo del frío. 

Y mi boca te engulle también con mi deseo haciendo acrobacias sobre el tiempo, y despertando a mi piel con la misma fuerza con que se sacude una alfombra. Rass, y mis poros se abren, ras, rasss, y siento entre mis piernas mi cálido rocío.

Besarte es una redundancia en el ejercicio de besarte. Te enredas en mi cuerpo apretando tu abrazo contra mí, tu manos me buscan  y tus dedos me encuentran a través del placer que provocan en mi íntimo agujero. 

La lujuria pulsa dentro de mí retumbando como un segundo corazón entre mis piernas. Me convierto en mí misma, en un yo más yo, más brutal, más feroz, más natural, más, más. Mi mano busca tu polla a través de la ropa, siento como se clava en mi nuca un alfiler de lascivia cuando por fin la alcanzo, mis dedos abarcan su tronco mientras tu respiración se trastoca, nos quitamos la ropa con premura, salpicando la habitación de camisetas y ropa interior. El olor del sexo nos embarga, el calor de tu cuerpo se refriega contra el mío.
Joder, te deseo. Te deseo como no he deseado jamás a nadie. Te deseo con el único afán de darte placer, te ansío con el único fin de hacerte feliz.
Mi boca se abre hacia tu polla, se hace lengua, se comprime en tu volumen, traga, se asfixia, devora. Tu placer inunda mi boca, gimes, empujas, sujetas mi cabeza. Todo es tensión y arrebato. 
Siento una fuerza inmensa y una necesidad extrema de tu fuerza agarrandome del pelo con tanta firmeza como dulzura. Eres una  compleja quimera, mitad hombre mitad fuego, mitad carne, mitad piedra.

" Fóllame" - te pido - "fóllame" - te suplico - " fóllame" - te ordeno

Me arrodillo a cuatro patas, hay un halo a mi alrededor delimitando mi tensa espera, mi sexo rezuma mi deseo, te anhela,bcn se constriñe. Un gruñido hondo se desploma en mi espalda, la presión de tus dedos atenaza mis caderas, el calor de tu cuerpo libera mi calor y tu rabo se clava en mí del mismo modo en que tú te me clavas, profundo, dentro, intenso.

Noto tu polla, aún más dura, acariciando mis pliegues por dentro, revolviéndome, haciéndome sentir vulnerable e impaciente.

Empujas y te recibo abierta, inagotable, empujas y el éxtasis corrompe mi figura haciéndome temblar de gusto. Empujas y  te siento abandonado a mi lujuria, empujas, empujas, tu respiración cambia, tus gemidos son como mordiscos sobre el aire. Lanzas un último quejido. Te detienes.  Todo se contiene en ese instante, el tiempo espera por nosotros, las motitas de polvo brillan como diminutas luciérnagas en una parálisis completa, todo está estático excepto tu semen que avanza entre mis piernas. Siento mi coño empapado de ti, feliz, chorreando tu lefa.

Me abrazas y siento en tus brazos el abrazo del mundo. Puedo sentirte con la misma nitidez que al viento, o la lluvia, o al mar. Ya no eres un hombre,  sino que te concibo como algo salvaje, algo sólo mío, como el barro, o el frío o el tímido temblor de un gorrión en mi mano. 

Me abrazas, me besas y me miras y, mientras mi pupila se dilata de amor, te encuentro en tu pupila.