miércoles 10 de febrero de 2010

CABALGAR





[Siento el viento en mi cara. Galopo alegre por simas y llanuras. Subiendo y bajando mientras el sol impacta en mis ojos y un látigo restalla en mi piel. Es el deseo que espolea en mi ánimo con la destreza del jinete. Es él que me anima y me enseña el camino.


Siento el viento en mi espalda, deslizándose a velocidad de vértigo, hay abismos en mi sendero y sé que irremediablemente caeré en todos los pozos, igual que sé que él me sostendrá o me obligará a caer…]

(Es extraña la mente, lo voluptuosamente refinada que me parece…es extraño el sexo…es extraño y jodidamente lógico, hay una parte de mí que siempre sabe más que yo, como si mis células llevaran conmigo todo lo que necesito para sentirme palpitar, para desbocar ese lado salvaje que me habita, ese parte de mí que siempre busca y siempre halla placeres nuevos en los viejos gozos)

Nadie puede atar lo que está desatado. Nadie. Y quizá eso sea lo más misterioso de mi carne.

A menudo me busco a través de mis palabras. Busco trozos de mí que creo que se han perdido, quizá por haber estado disfrutando otras cosas, por estar mirando hacia otro lado, o por no haberlas saboreado lo bastante. Quizá por eso escribo, para no olvidar lo que he vivido, o para volver a vivirlo. Pero no dejan de ser más que palabras…

Y, en cambio, siento ascender un grito por mis venas, un grito que me desgarra por dentro, que abre mi piel y me moja el coño de ese magma pegajoso y espléndido, un grito que me deshace, me diluye y me mantiene pendiente de un hilo muy fino entre yo…y el mundo.

Tú crees que todo termina en ese grito cuando me oyes gemir y retorcerme de gusto mientras tus ansias todavía no acabado de morder mi coño, mientras tu lefa se escurre obediente por la resplandeciente curva de mi barbilla o mi respiración no termina de encajarse en mi pecho despedazado a base de gemidos…

Tú crees que todo termina cuando me ves temblar bajo tu cuerpo y mi culo te pide a gritos que no dejes de follarlo o mi garganta gorgotea lujuria y avaricia, cuando me sumo a todos los poderes de mi cuerpo y de mi mente mientras se esponja mi coño en la diáfana caricia de tu polla y se te abre mi sexo rezumando gusto como si estrujaras una fruta madura…

Tú crees que soy tuya en ese momento, fascinado por el derroche con que me entrego, observando, hipnotizado, como se elevan mis caderas y se muestra mi agujero hacia ti, como si yo fuera tu cueva de Ali babá y tú el ladrón que poseyera la clave para poder entrar y salir a su antojo… y es verdad…yo soy esa cueva sacralizada por la alegría de gozarme y de gozarte…

Pero no puedes aprehenderme, porque corro con la fuerza de este caballo salvaje, alimentándome de mis propios apetitos, inervada de vida y de deseo, no puedes alcanzarme …porque soy una yegua loca que cuanto más corre más quiere correr, aunque, en el fondo, deseo ser capturada por el misterio de tus ganas…

[…y sujetándome o cayendo encontraré el secreto que me sostiene, aunque me devoren profundos agujeros o agote mi espíritu en tan magnífica carrera…]

viernes 5 de febrero de 2010

ESTRATEGIA





En algún momento, mientras se me iba la cabeza y un prolongado escalofrío azotaba mi columna, me he acordado de los versos de Benedetti: “Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos…Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin, me necesites”.

No hay nada tan definitivo como la piel. Puedes teorizar sobre miles de historias sobre la pasión, puedes hablar y escribir hermosos volúmenes sobre el erotismo, la mente, los hombres, las mujeres, puedes exponer ilustraciones preciosísimas de enormes falos y vaginas a doble página o escribir sobre las recónditas profundidades del deseo y, en cambio, nada tan indiscutible como un orgasmo para saber que hay una historia sola para cada vez, para cada persona a la que te acercas. Y si tu placer te parece el mismo es que algo no está bien. Algún dispositivo de esa extraordinaria mecánica te está fallando.

Hemos estado hablando un rato por el messenger, me encanta su imaginación, la forma que tiene de decir las cosas, me hace reír, y reír me gusta mucho. Me hace soñar. Y soñar me gusta más. Y el sexo flotando. Todo el tiempo. Acercándose para volver a marcharse. En ese consabido y delicioso juego. En ese vaivén imparable. Pero acercándose, acercándose en progresión…

Hay hombres que aseguran que les gusta el sexo. Pero luego, luego están a los que les gusta de verdad. Esos hombres que se buscan partes de sí mismos en algún lugar en el que consiguen despojarse de todo. Y entonces se entregan a ti con una generosidad única. Y entonces, te regalan únicos placeres. Él.

Yo andaba un poco de bajón. Un mal día lo tiene cualquiera.

- Lo que te hace falta es un buen pichazo…Los orgasmos relajan que no veas ¿estás sola en casa?
- No, aún no.
- ¿Y tienes idea de cuando te quedarás solita e indefensa en casa? Te voy a cibermasturbar
- No tengo cam
- Pues por teléfono
- Te volveré loca…Eso sí, necesito tu colaboración, en primer lugar necesito que me hagas caso sin cuestionarte nada, o sea…que me obedezcas sin vacilaciones

He dudado, joder, sí. “Te volveré loca”. He dudado. ¿Cómo saber qué me pediría? Pero por otro lado. Joder, que morbazo. Si ya sin haber hecho nada se me estaban mojando las bragas ¿Cómo sería más adelante? He accedido…

- Bien, pues quiero que hagas lo siguiente: cuando te quedes sola, quiero que te metas en situación, que te pongas sexy, lo más que puedas, quiero que te vistas para follar, que te vistas para mí, que te maquilles para mí, te pongas guapa y entonces me mandes un sms diciéndome:”tu puta está preparada para complacerte…y quisiera que jugases conmigo
- Vale
- Además…quiero que me lo envíes desde tu dormitorio, que te sientes en el borde de la cama y te rodees de objetos con los que podríamos jugar, pueden ser tus juguetes o lo que te parezca mejor que puedas tener por casa. Ahora corto para que te vayas preparando.

He cogido aire y lo he soltado muy despacio. Me he pegado una ducha. Sentía el agua caer por mi piel como si no me tocara, el calor del vapor me estaba abriendo los poros, escurriendo por mi cuello, ablandando mis pezones, corriendo por mis ingles hasta mis muslos, todo en mí se estaba abriendo. Mi cuerpo. Mi mente. Mi espíritu.

Me he estado preparando para él como si realmente fuéramos a encontrarnos. Con la misma dedicación y las mismas ganas. Mientras me estaba untando de rimmel las pestañas me he sonreído. Y he negado con la cabeza. Y he vuelto a sonreír…

Una vez a solas me he ido al dormitorio y me he sentado al borde de la cama. Llevaba una falda negra por la rodilla con abertura atrás, un jersey gris finito, pegado al cuerpo, con un escote generoso que me llega al canalillo, debajo un conjunto negro de encaje, liguero, medias y botas de tacón. Los ojos de negro humo, delineados en negro, máscara negra. Profundos. Mi azul chocaba contra el pigmento mineral de la sombra de ojos. Estaba nerviosa. No. Estaba caliente. Mucho. Muchísimo.

Le he mandado el sms: “Tu puta está preparada…” Y al poco ha sonado el teléfono. Era él. Su voz inconfundible, gutural, llegándome hasta dentro, inundando espacios míos que desconocía… Su voz firme, su voz dulce… Me ha preguntado qué llevaba puesto, como iba pintada, como me sentía, dónde estaba. Me ha pedido (¿o me lo ha mandado?) que subiera mi falda y me sentara al borde de la cama lo más posible. (Él estaría sentado frente a mí en la butaca sin dejar de mirarme) Me ha hecho sacar las tetas por fuera del sujetador. Me he acariciado los pezones. Luego me ha dicho que bajara despacito mis bragas y me las quitara. Al sacarlas he notado que ya estaba mojadísima. Quería que pasara mi dedo índice por mi rajita suavemente, que después chupara mi dedo y volviera a hacer lo mismo. Un gusto dulce me ha recorrido entera. El morbo, la escena, su voz, su respiración, mis propios jadeos han terminado de ponerme cachondísima. No ha hecho falta mucho para que mi coño se esponjara como una anémona. Estaba chorreando. He metido mis dedos siguiendo sus instrucciones. Mi coño abrasaba. Mis dedos podían deslizarse dentro con una facilidad insuperable.

Ponte a cuatro patas, mójate los dedos en el coño, así, lo tienes bien mojadito no? Pues moja tu ano con ello y métete un dedo en el culo- Me oía gemir - Sácalo y mételo. Mete dos. Con la otra mano métete un dedo en el coño, mete dos, mete tres… Ahora coge el dildo, y mételo en el culo. Todo dentro.- Me ha costado contener un grito - Acaríciate el clítoris con el pulgar y los otros dedos los metes en el coño. Así…así…bien…lo estás haciendo muy bien- Sus palabras me han acompañado todo el tiempo. Lo que me pedía. Su firmeza. Su dulzura. Su especial manera de decirlas- Apoya la espalda pero sin sentarte en la cama y ponte en cuclillas. Aprieta el dildo para sacarlo hacia fuera. Sácalo, venga, hazlo

Lo he sentido deslizándose por las paredes de mi culo, delicioso, mientras mi mano no dejaba de tocarme el clítoris. Estaba a punto de correrme. Se lo he dicho. El dildo ha caído al suelo.

- No, no, noooo. No puedes correrte hasta que yo te lo diga. No se te ocurra correrte ehhh, pero eso sí, cuando veas que te vayas a correr me lo avisas. Ahora coge la polla más grande que tengas y la lames. Así. Métela en tu boca. Bien adentro. ¿Te gusta? – Me oye decirle que sí, que me encanta, que me vuelvo loca. No paro de gemir. -Imagina que es mi polla.- Lo imagino sí. Me vuelve loca sí. Me siento estremecer. Me oye. Sé que casi puede sentirlo. Como yo lo siento. Poniéndome muy zorra, con la polla ocupando mi garganta. - Así, así y ahora que ya estará chorreando babas la metes en el culo. A ver si es verdad que puedes correrte solo con una polla en tu culazo..

No podía más. He hecho lo que me ha pedido. Metía y sacaba esa polla de silicona de mi culo tal y cómo él me decía. La metía hasta dentro y la sacaba del todo. Quería que fuera su polla. Lo era. He tenido mi orgasmo pegadito a mí todo el tiempo. Sin parar de instigarme. Sin tregua. Contenía la respiración para no correrme aún. Procuraba pensar en otra cosa. Pero no quería. Una lucha interna se apoderaba de mí. Quería correrme y no quería. Él continuaba al otro lado del teléfono…su voz, su respiración, mis putas ganas…

- Quieres correrte eh. Eres una puta. – En la vida me han llamado puta tan bien - Eres una guarra.
- Síii, soy tu guarra, tu guarra, déjame correrme…déjame porfavor…estoy muy puta, muy muy putaa

No estoy muy segura del todo pero creo que le he suplicado entre gemidos. Tenía hasta ganas de llorar pero no he llorado.

- Cóoorrete, córrete puta. Venga. Dámelo.

Me he corrido salvaje. Un gran orgasmo me ha sacudido desde el culo hasta la punta de la lengua. Gemía y gemía y no podía dejar de hacerlo. Me temblaban las piernas y me dolían. Mi coño se abría y cerraba solo. Mi columna parecía querer dejar de sostenerme. Pero ha resistido a los embates de mi placer.

Después he caído rendida sobre la cama. Pero seguía de rodillas. Me ha seguido hablando y yo seguía muy excitada. El proceso ha sido parecido y totalmente distinto. Él juego consistía en que él me decía lo que debía hacer y yo seguía exactamente los pasos que él me marcaba. Era imprescindible que fuera así porque si no el juego no tenía sentido. Eso lo he entendido enseguida. Me ha pedido cosas que nunca pensé que haría. Ya no tiene demasiada importancia qué cosas. Solo que no podía resistirme a seguir sus instrucciones. Porque las instrucciones no me importaban. Solo me importaba seguir mi placer por el lugar que él me indicaba como si fuera el puto camino de baldosas amarillas. Y me he vuelto a correr maravillosamente dos veces más. Me ha pedido más cosas. Ha mezclado placer con placer. Y algo de dolor con placer. Me ha hecho sentirle. Sentirle en la distancia. En mi cuerpo. En mi dolor y en mi placer.

Ha habido un momento en que estaba sobre mi cama mirándome en el espejo frente a mí, con el pelo alborotado, el rimmel de los ojos corrido, la falda subida, mi culazo enmarcado por el liguero y no he podido dejar de sentirme preciosa.

Entre orgasmo y orgasmo he hablado con él, he suspirado, he gemido, he reído, casi he llorado. He sido feliz.

domingo 31 de enero de 2010

DEPRISA






No sé como ha pasado, ni siquiera me lo he pensado más dos minutos. Cuando he querido darme cuenta tenia los latidos de mi corazón reventándome las venas y ese líquido espeso, que es imposible que sea mi sangre, reptando por mi columna.


Nos hemos encontrado en el messenger y hemos estado hablando un poco de todo…lo de siempre…una cosa lleva a la otra y cuando quieres darte cuenta llevas un calentón enorme …


- Ufff como me pones, princesa… ¿sigues escribiendo “cuentos”?
- Bueno hago lo que puedo
- Tienes una habilidad especial para la cachondez, desde luego si hay algo que sabes cómo hacer es ponerme brutísimo, tengo la polla a reventar…¿no estarás sola, no? ¿ciberfollamos?
- Ahora mismo sí pero él está al llegar…
- ¿Sabes? Muchas veces mientras hablaba contigo te imaginaba al otro lado, ahí, en tu casa follando con él…
- Mmmm…es morboso sí…
- Recuerdo aquel día que me habías dicho que te habías comprado un conjunto rojo de lencería, y te fuiste desnudando tan lentamente que casi me dolía, mirando a la cam como si me miraras a mí, acariciando tu cuerpo despacio, con tu boca entreabierta, mojando tus labios con la lengua, con esas preciosas tetas que tienes asomando por el borde del sujetador, yo tenía la sensación de estar a punto de caer por un precipicio, y tenía la polla a reventar, como ahora mismo…me encantó todo lo que hiciste y como lo hiciste, fue genial…
- Qué cabrón, me tienes cachonda…pero ahora no puedo, pero sabes que me gusta tu polla cuando está a punto de reventar…
- ¿Seguro que va a llegar él?
- Seguro
- Fóllatelo, fóllatelo como si me follaras a mí ¿quieres? Di que sí, di que sí…
- Lo haré…está entrando por la puerta…
- Notará que estás cachonda
- Seguramente…
- Ponme la cam ¿quieres?
- Ahora no puedo
- Solo ponla, y la dejas ahí…y te vas…pero ponte en un ángulo visible y…

Corté la conexión.

Desde luego que él me notó caliente, lo advirtió en mi respiración, en mis pupilas dilatadas, en mi forma de mirarle. El deseo es raro. Tan solo un minuto antes estaba excitada con lo que hablaba con L. pero un par de minutos después continuaba caliente, ya no pensaba en L., pensaba en él. En esa forma en que me estaba mirando desde que había entrado por la puerta, en cómo empezó a cambiar también su respiración, en cómo casi podía tocar su deseo acercándose al mío. Notaba mis braguitas mojándose a medida que se emputecía mi mente…con esa cosa oscura y viscosa que se va extendiendo muy deprisa, sin que pueda hacer nada por evitarlo, eso que noto descender desde la boca del estómago propagándose por todas mis células como una infección hasta hincharme el coño. La idea de que L. pudiera observar como follábamos me puso brutalmente cachonda…

- No sé qué tienes hoy pero me estás poniendo especialmente burro…
- Dame un minuto y estoy contigo…

Volví a abrir el msn, L. aún seguía allí…

- ¿Hola?
- ¿Estás?
- Shhhh, no digas absolutamente nada…

Encendí la cam, y puse una página de porno…

- Ahhhh estabas viendo porno ¿ehhh? Por eso estás así zorrita mmmm…

Lo empujé hasta el sofá, desde allí L. podría vernos perfectamente. Le besé frenética mientras imaginaba los ojos atentos de L. y esa mirada me perseguía como si también me estuviera follando. Sentí mi boca seca y la humedad de mi coño bajando por mis muslos. Nos empezamos a desnudar mutuamente, con prisas, agitados, con una ansiedad desmedida por follarnos…Pasé mi lengua por mis labios para humedecerlos. Me arrodillé ante él y empecé a comerle la polla como nunca. Su glande brillaba frente a mis ojos, pase su verga por mi cara, acariciándome con ella, adorando aquel falo robusto y terso. Le escupí en la polla derramando mi saliva por todo su tronco, sacando mi lengua con cara de guarra, pajeándole con una mano y pajeándome, obscena, con la otra. Nos pusimos los dos muy cerdos. (Los tres).Empezó a follarme la boca con cuidado pero poco a poco iba poniéndose más animal, sus gruñidos parecían estar machacándome la cabeza. No dejaba de pensar en nuestro furtivo espectador…sentí su excitación, su morbo, sus huevos llenos de leche, estaba como loca, ida, borracha de lujuria, le comí la polla con fruición, notando toda su cachondez y la mía dentro de mi boca, sofocándome con su carne y su lascivia… Me levantó y me sentó sobre el sofá y comenzó a lamerme entera. Deslizó su boca desde mi boca hasta mis pezones, los movía con su lengua y saltaban de gusto, endureciéndose. Me encanta sentir la presión de sus dedos fuertes contra mi piel, agarrándome, como si temiera que me fuera a escapar. Fue bajando con su lengua desde mis tetas por mi pecho, por mi vientre hasta hundir su cara en mi sexo inundado. Entonces se sentó en el sofá y me hizo levantarme para sentarme sobre su cara. Todo mi coño sentía sus labios como una anémona que me estuviera pellizcando. Eran besos cortitos, mordiscos muy suaves… Lamió con delicadeza los labios de mi vulva, pasando su lengua por ellos una y otra vez hasta el clítoris, o golpeándolo, introduciendo su lengua delicadamente en mi agujero para bordearlo o introducir la lengua, follándome con su boca mientras mis piernas temblaban de gusto. Empecé a mover mis caderas adelante y atrás hasta que empecé a suplicar…mi coño era de magma…ardiente, al rojo…puro fuego.

- Fóllame, fóllame ya por favor…quiero correrme con tu rabo dentro, quiero que sientas mis orgasmos, fóllame….fóllame…fóllame

Al verme tan puta se emputecía conmigo en ese extraño ambiente. Yo imaginaba a L. machacándose la polla como loco y eso me estaba matando. Me dio la vuelta y abrió mis cachas, estoy segura que L. pudo ver mi coño y mi culo expuesto desde donde estaba, escupió en mi ano para lubricarlo y metió un dedo en mi culo. Lo metió, lo sacó, lo volvió meter y a sacar. Una quemazón enorme se apoderaba de mi cuerpo, de mis sentidos. No puedo explicar cómo era el morbo que sentí. Cómo podía sentirme tan guarra, tan excesiva, tan inmensa. Apoyó su rabo en mi entrada y comenzó a empujar despacito. Con su mano frotaba mi coño para soliviantar a mi clítoris. Sentía todo mi coño y mi culo palpitando de gusto. Se me iba la cabeza. Me sentía abrazada por toda esa lascivia, por él, por L. por mis gemidos. Su polla iba entrando en mi culo lentamente y ese placer único de la sodomía me arrancaba jadeos y más jadeos. Adoré que me diera por el culo de aquel modo. Me puse salvaje. Me puse a gritar como loca, sin importarme si pudiera dolerme o no, pero lo cierto es que no sentía más que placer y más placer. Se sentó sobre mi culo y apoyó sus manos sobre mis lumbares, hubo un momento que pensé que me partiría la espalda con todo su peso sobre mí y su polla golpeando en mi culo sin parar como un martillo pilón, pero no, aún me provocó más, no estoy segura si mi placer provenía del aspecto físico o si era el morbo de todo aquello lo que me estaba enloqueciendo de aquel modo. Me corrí en un orgasmo prolongadísimo, gritando para que L. me oyera bien, percibiendo las contracciones de mi culo y de mi sexo en ondas orgásmicas. Las corridas por el culo son bestiales. O a mí me lo parece, el orgasmo se intensifica de un modo que crees realmente que vas a morir de gusto, el placer además dura más, así que sientes los latidos de tu corazón como golpes secos sobre tu pecho y un deleite extraordinario irradiándose por todo el cuerpo. Él se incorporó un poco y empezó a acariciarme desde el culo hacia la espalda como si quisiera desplegar mi orgasmo aún más por todo mi cuerpo. Y me envolvió de placer y de él con ese masaje…

Cuando dejé de temblar le miré, me besó, y vio que yo echaba una ojeada hacia el portátil. Un cachas le follaba la boca a una rubia tumbada boca abajo en un sofá, tenía la cabeza colgando por fuera del sofá y él la ahogaba con su polla mientras madejas de saliva espumaban su boca… Se sonrió. Me tumbó en el sofá pero a lo largo y pasó su rabo duro por mi cuerpo, frotándose contra mí como un mono…

- ¿Quieres polla eh? Quieres polla…Toma polla…

Se sentó sobre mi cara y le lamí los huevos. Metió su verga en mi boca sujetándome con las rodillas. Se enredó sobre mí abrazándome con sus piernas. Yo no quería dejar de chupar. Estaba muy golosa. Le comí sin saber bien lo que hacía, dejándome guiar más por mis ganas que por mi pericia, y él estaba como loco enredado sobre mí en una extraña postura, sin sacar su verga de mi boca.

- Chupa cariño, chupa, no dejes de hacerlo que me tienes muy puto, hostia…

No hubiera dejado de mamarle ni por nada del mundo. Hay un placer increíble en dar placer de ese modo, notando su excitación, su carne, sus testículos hinchados. Le miraba y lamía, sacaba la lengua y lamía y le pedía una y otra vez totalmente cachonda…

- Dame tu leche, cabrón, quiero que me llenes de leche, dámela, la quiero toda…échala aquí…sobre mis labios, dame, dame…- y abría mi boquita hambrienta

Saqué la lengua para recibirla y él se corrió sobre mi lengua mientras no dejaba de lamerle y lamerle. Su semen sabía a algo dulce y fuerte, dentro de mi cachondez lo percibí como un trofeo, su esperma cálido y viscoso resbalaba por la comisura de mis labios al tiempo que sonreí…y miré a la cámara…

Me levanté, guiñé un ojo y cerré el portátil.

Y me abracé a él…besándole, enredándome en él…para empezar otra vez.