lunes, 30 de septiembre de 2013

DEBILIDAD

Me lo comería todo...



Él me ha esperado recostado en una tumbona en el jardín. Olía a césped recién cortado mezclado con el denso aroma de los jazmines, estaba tendido tomando el sol, había una brisa ligera y tan solo le acompañaba el ruido de los aspersores: tzz..tzz…tzz..tzz

Me ha encargado que trajera helado. De chocolate. No puedo evitarlo. Él me pide chocolate y yo me derrito. Literal.

He llegado junto a él, he dejado la tarrina sobre una mesita del jardín y me he quitado la ropa. Me he sentado junto a él, he abierto la tarrina y he metido un dedo y lo he lamido

- Mmmmm ¡que rico!
- Eres una guarra, así no se come el helado
- Que tiquismiquis eres, coño, ahora subo a por unas copas y unas cucharitas
- La cucharita te la voy a poner yo

Entonces ha metido un dedo en la tarrina, lo ha embadurnado de helado, me ha apartado el bikini para dejar mis tetas al descubierto y me ha untado los pezones con él.

No he podido evitarlo. Me ha dado un ataque de risa. Por supuesto el frío del helado ha enroscado mis pezones sobre sí mismos, la sorpresa me ha hecho reír pero me he quedado quietecita y expectante. Me ha chupado el chocolate de los pezones para después besarme los labios y untarlos de helado, dedos, boca, lengua, tetas, chocolate. Me priva el helado. Me encanta el chocolate. Y adoro mezclar sabores.

- Cariño, o hacemos esto pronto o nos vamos a quedar sin helado...
-Mmm, a la mierrrda el helado




Me he sentado a horcajadas sobre él, ambos seguíamos metiendo los dedos en el helado y pringándonos con él. Lo ponía en mis tetas y chupaba de él, nos besábamos y enfriábamos nuestros labios con él, nos movíamos como cerdos revolcándonos en el helado y sobre nosotros mismos. Me ha gustado la prisa que teníamos. Prisa por comer, por chupar, por enguarrinarnos, por encerdarnos, por follarnos.

Luego he metido un poco en mi boca para enfriarla, notaba el tacto suave y frío del helado sobre mi lengua y a continuación he metido su polla. Me ha encantado oírle gemir y subir las caderas hacia mí. Su polla cada vez más dentro de mi boca fría, fría…

- Hazlo otra vez

He vuelto a meter helado en mi boca y luego a chupar su polla. Notaba el contraste caliente de su rabo en mi garganta helada. Después he lamido sus huevos mientras le pajeaba con saliva y chocolate, el helado se derretía sobre el tronco de su rabo. Una verdadera cerdada. Una auténtica delicia. Su verga sabía a chocolate, a él, a él en chocolate.






Después él a hecho lo mismo. Ponía helado en mi coño y se lo lamía como un cerdo. El frío me acariciaba mi agujero, aunque creo que estaba más cachonda por la situación en sí que por lo que me provocara o dejara de provocar el frío. Luego me he clavado sobre su polla, se ha metido en mi culo, nos hemos lamido y retorcido de gusto, en el sabor del helado, en nuestros sabores y olores, en nuestro juego y nuestro deseo.

El helado ha acabado por derretirse del todo y nosotros churretosos y cachondos follándonos como locos en el jardín. Y es que el chocolate me puede…me puedeeee


domingo, 22 de septiembre de 2013

LLEGÓ



Por fin llegó. Mi libro: LAS CINCO MIL MANERAS, tan esperado, tan ansiado en letra impresa… Sí, estoy acostumbrada a leer en formato digital, pero tener entre mis manos el tacto áspero y enjuto del papel me proporciona un placer único.
Hace meses os solicité ayuda para poder publicar mi libro a través de un crowfunding en libros.com, por diversos problemas de edición ha tardado más de lo esperado, pero finalmente llegó.

Cuando vi la camioneta de reparto aparcada frente a mi ventana intuí que era él y comencé a sentir esas mariposas en el estómago que se sienten cuando deseas algo mucho. Efectivamente era mi libro, firmé el albarán de entrega y me apoderé de él.

Apenas si podía creerlo. Escribo desde hace mucho, era casi una niña, mis primeros cuentos los escribí con once años más o menos, historias de asesinos, de niños que desaparecen, de extraterrestres o de seres que salían de las rendijas de las baldosas del cuarto de baño ( sí, rarita he sido siempre), he participado en foros, he escrito poesía, otros relatos, prosa poética… pero ver por fin mis letras impresas en un libro me hace sentir como una madre orgullosa. Quizá no sea tan bueno (como yo creo), pero es mío.

Si buscas ponerte a tono, o quieres indagar en la sexualidad de alguien, o pretendes curiosear o hallar otro modo de escribir erótica milibro no te decepcionará. Es explícito, va al grano, y no habla de otra cosa que no sea sexo…o sí?


Gracias a todos los que me habéis ayudado, realmente me anima a seguir escribiendo.




*   *   *   *   *   *   *   *   *   *   *

Sir Bran tiene razón, así que siguiendo su consejo:

El libro puede comprarse por solo 5 € en edición digital en libros.com o en amazon , o en edición impresa (con su olor a nuevo y todo) por 20 € en libros.com, espero que lo leáis....
Besos a todos

ESTALLAR









Cada vez que me acuerdo de sus labios siento una punzada de placer. También un poco de dolor. Le echo de menos. Echo de menos sus labios. Echo de menos esa forma de entregarse a mí, de hacerse mío, de esforzarse en hacerme feliz… de insistir en hacerme sentir.

A las siete y cuarto he subido calle arriba. Mezclada entre la gente me ha dado por pensar cuantos de ellos estarían en ese momento deseando a alguien tal y como yo lo deseaba a él, cuántos estarían follando como locos en un rato sintiéndose tocados por la suerte, cuántos desearían colmar de placer a otro ser humano o dejar su huella en otro como algo vivido e importante tal y como yo lo deseaba en ese momento. No me llegaba la hora de encontrarme con él. He sentido una pequeña brisa acariciándome los labios, el sol entibiaba tímidamente mi escote, una gota de agua ha impactado en mi mejilla y se ha deslizado hacia mi cuello con una sensualidad casi cruel… y entonces me he dejado poseer por ese espíritu placentero y lascivo.

Quizá se han juntado mis ganas y las suyas para crear algo nuevo a lo que no puede llamársele deseo sino otra cosa. No sé cómo. Algo que te atrapa, o que agarras y no puedes dejar escapar. Algo que eres  y no eres tú.

Igual por eso ha salido así. Ha sido extraordinario. Una bomba. Un estallido. Una deflagración.

El momento justo antes de abrir la puerta he sentido un click en mi cabeza. No pensaba más que en sacarle la piel a tiras, en comérmelo a mordiscos, en que me follara con todo el furor que un hombre pueda poner en una mujer.

Su beso caliente se ha enredado conmigo, me he dejado caer en ese primer beso rindiéndome a un vicio irrefrenable y con toda mi energía esperando diluirse en nuestra lujuria.
Cuanto más me follaba más ganas tenía de él. Insaciable, incansable, duro. Todo el tiempo, duro.

Debería haber un verbo más adecuado para lo que he sentido en ese cuarto, en esa cama con él. Sus dedos suaves se deslizaban en mi coño como una caricia rápida y candente. Movía mis caderas al ritmo de su hambre. Su olor a lascivia ha inundado mi pelo durante un par de días. Su olor a macho desatado. Su polla entrando y saliendo de mi boca, desapareciendo en ella por completo, sus exclamaciones de gusto, sus gotas preseminales me han abierto por completo. He adorado sentir su polla rozando mi garganta, sintiendo su placer derramándose sobre mí, abriendo mis poros al poder de los sentidos. Y es que lo he sentido así, como un golpe, como un disparo alcanzándome…

Estaba como loca. La sangre se agolpaba en los labios de mi coño y no llegaba a mi cabeza. Mi cuerpo se ha estremecido incontables veces en numerosos orgasmos. Sus dedos parecían haberse hecho para mí, amoldándose a mí y a mi placer. Su boca en mi boca, o lamiendo ávidamente mis pezones, mi piel entera, su lengua dilatando mi sexo, haciendo girar mi clítoris, bordeando mi agujero o lamiéndome el culo, lubricándome, turbándome, logrando que me retorciera de gusto.

La habitación estaba rotulada por una cenefa de espejos que le daban un toque jodidamente hortera, pero me ha puesto tremendamente cachonda verme reflejada en ellos, estuviera donde estuviera. Y sabía que él también se volvía literalmente loco cada vez que levantaba la mirada y se veía follándome así.

Su boca en mis pezones, tirando de ellos, provocándome pellizcos de electricidad en mi cabeza, pasando su lengua vigorosa por ellos una y otra vez, envolviéndome de esas cosquillas mágicas que vinculan mis pechos a mi coño y mi coño a mi columna. Abrazándome en placer. Derritiéndome.

Su mirada fascinada ante el espectáculo de mi raja abierta y dispuesta para él, tocándome para él, gozándome para él ante sus ojos abiertos y eufóricos. Su mano apretando su verga, masturbándose para mí. Los dos convulsos, los dos vertidos y trastornados por la fiebre que hacía inflamarse a nuestros cuerpos.

Nos hemos vuelto locos. Me follaba a todo meter. Conmigo. Contra mí. Reventándome de gusto, a toda máquina. Su polla sin parar ni un momento. Se corría. Pero la polla seguía como un mástil. Poderoso, radiante, formidable.

Estábamos poseídos por la lujuria. Me follaba a todo meter.  Me corría una y otra vez, me corría a borbotones, quería parar y no quería. Y cada vez que tratábamos de detenernos mi cuerpo y el suyo temblaban al permanecer pegados y volvían nuevamente a ese combate único del frenesí. Como si fuéramos una reacción química. Se ha vuelto a correr y me he mezclado en sus suspiros, en esa manera salvaje de echar el aire cuando se ve agarrado por su orgasmo, con ese modo tan sublime de gemir. Maravilloso.

Después, otra vez, sus dedos dentro de mí, en mi boca, en mi coño, en mi culo. Me ha abierto el culo como nadie. Con sus dulces dedos haciendo caramelo conmigo. Entrando, saliendo blandamente. Acariciando como nadie. Dulce y entregado. Fuera de sí. Trastornándome. Lamiendo. Llenándome de él.
Su polla penetrando lentamente mi agujero. Delicado, lento, suave. He sentido todo su rabo entrando en mi culo, como una perversa caricia. Y esa misma caricia se ha hecho más rápida, más enérgica. Toda su fuerza dentro de mí, empapado en sudor, haciéndome sudar a mí. Matándome. Rompiéndome. He sentido su lujuria en su rabo, sus ganas de partirme en dos, sus ganas de hacerme gritar. He sentido como su verga me sostenía y me abría en un orgasmo bestial. He gritado, me ha hecho temblar de gusto, lo sentía desde el tronco de su polla, como si me encontrara con él en ese roce, excesiva, delirante. Todo mi cuerpo se ha entregado a él y a mis reacciones. Todo mi cuerpo flameado por su polla durísima. Se ha vuelto a correr…






Pero no hemos parado, las horas han ido cayendo sobre nosotros sin que pudiéramos sentirlas, envueltos de deseo y más deseo. Convirtiéndonos ambos en un organismo en movimiento… Él se venía a mi sexo y yo besaba sus cojones, comiendo su polla, emergiendo en mi coño, derramándonos uno y otro en cada nuevo gozo. Yo inagotable y él insaciable. Él sobre mí o yo sobre él. Meneándome arriba y abajo como una posesa, mientras me agarraba las tetas y su polla enloquecía al ritmo frenético de mis caderas.

Cuando ya nos íbamos he tenido que volver a acostarme porque me sentía desmayada. Me sentía flotando en una dimensión insólita. Como si mi cuerpo no pudiera despegarse de esa delicia de sentirse a través de su tacto. Como si hubiera encontrado algo increíblemente hermoso entre ese espacio que quedaba entre su piel y mi roce. La cabeza me daba vueltas. Su olor emergiendo de mis poros aún después de ducharme. El sonido de sus gemidos pegados a mis sienes. El latido de su polla derramado en mi sexo, él entero vaciándose… (¿Cuántas veces han sido?)

Después he sentido un dolor difuminado en las piernas, en los brazos, un dolor impreciso en mi culo, un pequeña pena en mi coño, y una quemazón inmensa al borde de mis labios.

Y es que no voy a poder dejar de echar de menos sus labios en mis besos, ni esa forma dulce de comerme el coño, ni la urgencia y la fuerza con que se agita dentro de mí, ni su ternura, ni su polla, ni sus ganas, ni esa manera suya de hacer que le sienta y que su sabor deje huella en mí.

No voy a poder dejar de echar de menos esa forma de hacerme explotar...reventar, de hacerme pedazos, trozos de mí y de él flotando en algún espacio perdido en esa nube donde me pienso…estallar, estallar.


viernes, 13 de septiembre de 2013

FRIO





Whirling Dervish by Omar Faruk Tekbilek on Grooveshark

Está amaneciendo. Ahora mismo una luz exigua e inmensa taladra madejas de nubes purpúreas. Amanece en rojos y violetas, como debe ser. La luz cae sobre la Ría troceándola en cachitos de espuma y ceniza. Parecen los rescoldos del cielo. El mar siempre me parece un reto. Hace frío. Mi café desprende posos de lo que fue ayer… y me sonrío… A veces veo el tiempo como una extraña espiral retorcida hacia fuera, como algo que puedo doblar a mi antojo (quizá sí, puedo)
Anoche llegué a casa pronto, no eran más tarde de las doce. Llegué a casa extremadamente sobria, serena… ¿Puede sobrepasarnos la sobriedad? Había vuelto caminando con un frío húmedo que lleva todo el puto invierno metiéndose en mis huesos y no dejaba de pensar en su carne caliente pegada a mí mientras mis tacones rompían el silencio de mi calle. Me gusta como suenan mis tacones sobre el cemento, hay veces que creo que las aceras se van rompiendo a mi paso en grietas como el turrón del duro. Llevo días pensativa, abstraída, reconcentrada, reflexiva. Bueno no sé como llamarle al modo en que me siento últimamente. A veces me dan esos puntos, supongo que solo es una forma de buscarme, de hacerme más yo,pero también de reivindicarme, de mirarme fijamente a los ojos, sonreírme y negar con la cabeza. De insistirme. Iba pensando en él y en el frío. Porque él es frío y caliente. Y es estúpido e inteligente. Y es adorable y un pedazo de cabrón. Él es todo y nada. Es yo y soy él.
Pero sobre todo, cuando me pierdo pienso en su carne, en como tiemblan sus gritos de placer contra mi garganta, en cómo es el tacto de su verga cuando la aprieto con mis labios y se estremece al primer contacto, a veces parece que esté haciendo hilos de caramelo, tan dulce y frágil, tal aromático y pegajoso…tan delicioso…y pienso en cómo nos licuamos de placer y también como, a veces, nos posponemos, y de alguna manera sé que es ahí donde me encuentro con él, me guste o no... Y mientras caminaba apretando el paso, se me llenó la cabeza de caricias, de jadeos, de travesuras de niña mala (y de buena), de miradas, de ese deseo inabarcable, único, con el que nos inventamos… se me llenó la nostalgia de montones de polvos superpuestos, de las diversas maneras de follarnos, de las infinitas formas de entregarnos, de abandonarnos, de recogernos… Follar con él ha sido siempre la caña. No sé si por la complicidad, la ternura, el morbo… o ese modo de conocerme, y él otra cosa no, pero sabe cómo desmontarme y montarme como un rompecabezas.

Me estoy distrayendo…y al final se me va enfriar el café…
Llegué con mucho frío y sabiendo que él ya estaría dormido. Una vez leí en alguna parte que el mejor modo de entrar en calor es desnudarse por completo junto a otro cuerpo desnudo. Doy fe, entré en calor. No quería despertarle aunque me entraron unas ganas locas de follármelo. Me gusta verle dormir, sentir así de vulnerable a alguien tan fuerte siempre me conmueve.  Es un hombre muy fuerte. Le he visto montones de veces hacer cosas increíbles. Pero también tiene una sensualidad muy suave que colabora en su tendencia natural a la seducción, puede desmenuzar mujeres con gestos muy pequeños para disgregarlas en su voluntad con la misma facilidad con que yo ahora mismo doy vueltas a mi cucharilla dentro de la taza, y eso distrae a veces de su fuerza…
Dormía tan plácidamente que me provocó muchísima ternura. Le besé los labios despacito y recordé las habilidades de “las mujeres pantera”. Me devolvió el beso dormido. Pasé mi lengua muy levemente por sus labios y soltó un gemido blando, como deshecho…No hay nada tan dulce para mis oídos como esos jadeos profundos desde lo más hondo de su boca. Algo se removió dentro de mí, propagándose, expandiéndome el coño como si algo soplara dentro de él. Eso que no sé bien si nace de la lujuria o de esa curiosidad morbosa que todos tenemos para observar el placer ajeno… Le he pasado mis pechos por la cara, por probar… ha vuelto a gemir, luego he metido mis pezones en su boca y mamaba como un corderito… una punzada de placer me ha recorrido entera. No he querido despertarle. Me preguntaba si podría follar dormido, si podría hacerle cosas sin que se enterara, solo por observar sus reacciones dormido. Esa curiosidad me ha puesto cachonda como una perra, pero he decidido aguantarme…quería usarle…investigarle, rebuscar en su cuerpo…

Su piel se abría ante mis ojos como si atravesara un túnel con una antorcha. Le he acariciado con las manos, con la punta de los dedos, con mi lengua, con mis pechos, me he frotado contra él, con mi espalda, con mi culo, con mi coño mojado…le he arañado un poco, he dejado gotear mi saliva sobre sus labios, sobre su pecho, he pellizcado sus pezones con mis labios, le he lamido el vientre, he empapado sus huevos, he lamido su culo…le oía gemir con mis maniobras, he observado como su polla engordaba lentamente, me hacía la dormida o seguía según sus reacciones, su polla subía o bajaba según lo que le hiciera o no. Sentía que estaba siendo escabrosa, impúdica, viciosa…joder eso me ha puesto tan cachonda que me revolvía junto a él moviendo mis caderas y pajeándome pero a su lado, sin despertarle… Metí su polla en mi boca gozándole a mi antojo, paraba de vez en cuando porque temía que así dormido se correría antes de lo que yo quería. Apenas se movía, creo que lo hacía en sus sueños, pero sus huevos se elevaban y su polla era rotundamente mía… gotitas preseminales me humedecieron los labios, observé su glande inflamado, su olor inundándome la cara, ese olor fuerte e inconfundible a macho…su verga totalmente llena, vertical, grandiosa…
Nunca me había parecido tan magnífico, tan inmenso, tan él…lleno de vida y de luz… estaba fuera de mí, pero quería retener aquel momento en mi cabeza, en mi cuerpo, en mi sexo. Me quedé mirándolo como algo mío, jadeando con su polla dentro de mi boca, quieta, detenida… Le observé agazapada entre sus piernas, como una intrusa, una ladrona, una pervertida… Le miré como si fuera un Dios y yo una sacrílega que estuviera corrompiendo su pureza… ¿Nunca os habéis sentido crepitar ante la contemplación de la belleza? ¿Nunca habéis mirado algo con la sensación de que vuestros ojos infectaban el objeto de vuestro deseo? ¿Que lo ensuciaban? ¿Que lo envilecían?
Me puse tan zorra que no pude evitar subirme sobre él, necesitaba su polla en mi coño, así que me coloqué en cuclillas cruzando los dedos para que no se despertara. Escurrí su polla lentamente en mi agujero, y la sentía aún más gorda dentro de mi coño…pero me dieron unas ganas enormes de cabalgarlo como loca así que me contuve, y me volví a pajear… Me quedé un momento así, quieta, sin hacer nada, recostada junto a él, sintiendo su cuerpo caliente junto a mí, respirando fuerte, sujetando mi puterío…no, no quería despertarle…
Cuando fui a agarrarle por la polla una vez más sentí su mano apresando mi cabeza…
- Mmmmm me parece a mí que eres una guarrilla...¿Se puede saber qué haces? - Me clavó la boca contra su polla, suavemente, firmemente, eso terminó de emputecerme… Le comí la polla como nunca, en chupadas profundas y prolongadas, acariciando mi lengua con su polla, sintiéndola en el cielo de mi boca, inflamándome la sangre de él, llenándome el coño de una cachondez hiriente, extrema. Pero en seguida me subió hacia él, susurrándome: - Me encantas preciosa ¿es que no ibas a despertarme…? Me pones loco, guarra, que eres una guarra.
Es cierto. Soy una guarra. Soy un animal. Una masa viscosa de concupiscencia y agua. Una zorra. Una mujer hipnotizada por las irradiaciones del sexo. Por su búsqueda. Por su hallazgo.
Me subió hasta él. Me besó profundo, lleno de él, me lamió la boca, le comí la lengua. Me agarró por las caderas y me dio la vuelta. Se incorporó un poco quedándose sentado, apoyando la espalda contra el cabezal, me dio la vuelta y me sentó sobre él. Notaba su polla durísima contra mis nalgas, apoyada en la raja de mi culo, sus manos me abrazaron la cintura fuerte, tan fuerte que me pareció que sus dedos se hundían dentro de mi carne, sentí sus dientes clavándose en mi cuello y un calor enorme esparciéndose por toda mi piel. Me sentía mareada, pero profundamente consciente, envuelta en un halo de realidad, de carne, de sensaciones, de olores y sonidos, como si mis sentidos se hubieran amplificado… - Mmmmmm así que no pensabas despertarme eh? Levanta un poco el culo que te lo voy a follar ¿quieres? ¿Quieres que te folle tu culito?
Intentaba decirle que sí. Que me moría de ganas porque me follara el culo, el coño y mi puta alma. Que me clavara contra la cama o contra la pared o contra lo que le viniera en gana. Que me follara sin tregua hasta encontrarse con ese algo mío que parece no tener nunca fin y que exhala desde lo más hondo de mi garganta con cada caricia, con cada arremetida, con cada orgasmo… Él liberó una de sus manos y la alargó hasta el cajón de la mesilla, sacó el lubricante y bañó mi culo con él. El frío del lubricante me hizo estremecer.
Apoyó su polla en mi entrada y mi culo la engulló entera prodigiosamente. Al principio se movía despacito, muy lento, haciéndome sentir su verga rozándome. Es una sensación extraña. No me dolía pero es algo incómodo en ese primer momento. Luego mi cuerpo empiezó a responder a esa dinámica hundiéndose en ella, sintiendo oleadas diáfanas de placer con cada embestida. Cada vez que empujaba dentro de mí algo sumamente gustoso me contraía por dentro. Y quería más. Más contracciones, más gusto, más de él, más polla, más líquido, más pulsaciones, - Más, corazón, dame más, más, dame tu leche, así, mmmm, más, dámelo todo cabronazo -.
Sus manazas parecían moldearme como si fuera plastilina, se cerraban contra mi cintura haciéndome subir y bajar por su polla en un espléndido tiovivo. Mis tetas brincaban con su impulso, mi piernas temblaban y mis brazos y mis manos se abrazaban a las suyas. Un calor enorme me poseyó en ese momento. Ambos recogidos en un abrazo, ensartados por el deseo. No puedo decir si me corrí en un orgasmo prolongado o en varios seguidos, si fue descomunal o un placer difuminado, no lo sé. Estaba hundida en ese placer. Absorbida por ese calor y el contacto de esa polla, ese hombre, esa fuerza. Estaba suspendida en algo indefinible, inabarcable, inenarrable. Calor. Solo eso y todo eso.
A veces me pregunto que es lo que hace que el placer del sexo realmente lo sea. Si es algo que nos dan o que nos damos. No lo sé. Es una incógnita. Es misterioso, profundo, mágico. Quizá por eso recuerdo esto ahora, mientras amanece, otro día, otra posibilidad, y las nubes son taladradas por la luz. Y la luz vence a la oscuridad y yo le doy vueltas a mi café frío…y caliente.
Y agradezco no tener ninguna certeza…